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Historia del disfraz

Una fiesta de disfraces es un encuentro de cultura general de varios países, todos los disfraces representan a un personaje que, inventado o no, es el símbolo de algo, ya sea en el cine, en la política de un país o en la imaginación de alguien. Algunos disfraces representan los mayores terrores de varias personas, otros son románticos, divertidos, tétricos, originales, algunos se crean a partir de varios disfraces y con ello se consigue un personaje nuevo, algunos son improvisados y otros perfectamente estudiados y preparados para una ocasión especial como es una fiesta de disfraces.

Pero, ¿desde cuándo se celebran fiestas de disfraces? ¿Qué dio origen a que el hombre se disfrazase?

En realidad el hecho de disfrazarse ya se menciona en la Biblia pero es tan antiguo como la humanidad. Nuestros antepasados utilizaban pieles de animales para abrigarse, aunque al mismo tiempo iban disfrazados de ellos al cazar y en los relatos de la Biblia se describe varias veces cómo se disfrazaban algunos personajes para lograr sus objetivos.

Pero hoy, en este caso, hablamos de la fiesta, de la diversión que conlleva el disfrazarse y dar rienda suelta a la imaginación fantaseando con ser quienes no somos o siendo como realmente somos ocultos tras una máscara. Todo ello tiene un sentido y en muchas ocasiones es necesario, el hombre debe vivir su realidad y, aunque no siempre es posible, de vez en cuando puede conseguirlo a través del disfraz.

Así, las fiestas de disfraces ya se llevaban a cabo por los romanos en los Saturnales. Consistían en tres días de fiesta en el que se olvidaban del orden que era establecido durante el resto del año y se divertían. En España se introdujeron los bailes de máscaras durante el reinado de Carlos III; durante el reinado de Fernando VII no estuvieron permitidas las máscaras en la calle hasta que la reina María Cristina las volvió a autorizar.

Beneficios de disfrazarse

Aunque existen celebraciones específicas en las que nos disfrazamos también es cierto que en ocasiones nos podemos disfrazar porque sí, porque así ha surgido en un momento divertido, porque nos invitan a ello, porque nos viene bien, porque queremos reírnos de ser distintos a los demás por unos momentos. Lo podemos a solas o en compañía, en la intimidad o en la calle y ello aporta beneficios.

Cuando un adulto se disfraza:

  • Aprende a desarrollar rasgos de su personalidad que tenía ocultos.
  • Descubre la empatía.
  • Aumenta su inteligencia al descubrir y hacer frente a las dificultades que pueden sufrir el tipo de personas a las que encarna con su disfraz.
  • Aumenta su autoestima y valentía.
  • Puede sentir la libertad de divertirse y aprende a imponerse sus propios límites.
  • Se vuelve más sociable.
  • Aumenta su creatividad.
  • Se acepta a sí mismo y a los demás, hecho totalmente imprescindible para desenvolverse en la vida.

Cuando un niño se disfraza:

  • Desarrolla su imaginación y creatividad.
  • Expresa cómo percibe a los demás, ya sea a los adultos que le rodean, lo que aprende o lo que siente frente a su vida.
  • Da rienda suelta a sus emociones y a través de ellas se comunica con los demás.
  • Cambia su punto de vista frente a lo que le rodea. Si se disfraza de animal siente empatía por los animales, si se disfraza de adulto puede comprender mejor la forma de comportarse de los adultos, sus obligaciones, su manera de divertirse y, al mismo tiempo, los adultos pueden aprender mucho del niño.
  • Se divierte. Este debería ser el estado natural de todos los niños.
  • Aumenta la confianza en sí mismo y de ese modo su autoestima.
  • Aprende a superar dificultades al imaginar su disfraz, moverse con él y jugar.
  • Aprende a interactuar con otras personas y sus disfraces.

Cómo elegir un disfraz

Por mucho que nos guste una temática, para adultos o para los niños, no todos los disfraces son adecuados. Un disfraz es para disfrutar, pasarlo bien y verse todo lo favorecidos, o nada, que se quiera. Al elegir un disfraz se ha de tener en cuenta:

  • La temática del disfraz. Cada fiesta de disfraces tiene una temática distinta. En Carnaval el disfraz es libre, en Halloween la temática es la muerte y el terror y en fiestas privadas de disfraces, si no señalan que la temática es libre una persona se puede encontrar fuera de lugar si no se ha informado bien.
  • La talla del disfraz. Si bien un disfraz no tiene por qué quedar como una ropa de calle normal, una talla inadecuada puede ser muy incómoda, tanto si es grande como pequeña.
  • El estilo del disfraz. Existen disfraces para adultos y disfraces para niños. Se ha de huir de los disfraces sexistas, especialmente en niñas y también niños menores de edad. Aún para los mayores de edad el estilo no debe estar reñido con el sentirse atractivas y atractivos. Forma parte de la educación el saber cómo ser sexy y elegante al mismo tiempo.
  • Los disfraces de niños. No deben contener objetos pequeños que puedan tragarse, punzantes, que se desprendan con facilidad o que dificulten sus movimientos. Un disfraz para niños debe indicar a qué edad puede ser utilizado;aunasí son los adultos quienes deben decidir, si el niño tiene una edad mayor de la indicada, si es oportuno que lleve un tipo de disfraz o no.
  • El calzado. No se debe olvidar que el calzado va a acompañar al disfraz durante toda la fiesta. Elegir un calzado adecuado y cómodo ayudará, a niños y mayores, a disfrutar plenamente.
  • El maquillaje. Tanto en adultos y especialmente en niños, se ha de comprobar que no provoque alergias a cada tipo de piel.
  • Lentillas. Si se utilizan lentillas para complementar el disfraz se han de probar antes y retirarlas ante cualquier incomodidad.

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